Lucius IV
15 de julio de 1966
De nuevo me levanté a media noche sobresaltado por
otro sonido que, como no, venia de la ventana. Esta vez era un halcón. Este
tenía una nota en la pata derecha que decía: “No temas al demonio, puede llegar a ser tu aliado, siempre y cuando
hagas lo que te diga”.
Era una nota muy extraña, estaba escrita con sangre
y olía a perfume de mujer y por la dirección hacia la que volaba el halcón
debería provenir del orfanato de la montaña.
Sigo teniendo el destornillador cubierto de sangre
encima de la mesa que tengo cubierta de papeles y bocetos que mi profesor me
hacia copiar. Al acercarme a la mesa apareció una nota brillante del demonio
que me comunicaba la próxima victima.
Rodrigo, mi profesor particular es el siguiente. Es
difícil de sorprender por tanto tendré que controlar su mente para así además
no levantar sospechas. Entré en la clase y como de costumbre, Rodrigo estaba
haciendo cuentas sobre la pizarra y no se daba cuenta de que yo había entrado, por
lo que aproveché para poder controlarle su científica pero a la vez vulnerable
mente. Una vez la tuve sobre mi poder le dije:
-
Rodrigo
ahora, tú vas a ir a la habitación de mis padres y sin que nadie te vea vas a
coger la pistola del cajón de la mesilla de la derecha. Tras esto vendrás a la
habitación de nuevo.
-
Si
Lucius.
No tardó mucho en llegar, esta vez con la pistola
cargada y en la mano.
Me acerqué a él y le susurré al oído:
-
Muy
bien Rodrigo ahora vas a colocarte la pistola en la sien y vas a disparar, de
acuerdo?
-
Si
Lucius
El disparo resonó por toda la casa y todos acudieron
a la sala para ver qué había pasado. Yo, como siempre, me hice la victima y me
creyeron.
Mis padres creen que la casa está maldita y que por
eso pasan estas cosas, pero el maldito aquí soy yo…
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