Lucius II
9 de julio 1966
Me levanté temprano y como de costumbre estaba lloviendo. Fui a desayunar y cuando volví a mi habitación allí estaba otra vez con esa mirada de interés y codicia que solo un ser tan maligno podía tener.
- Lucius, en este diario tienes diferentes formas de matar a todos y cada uno de los habitantes de esta casa. No olvides que si fuera necesario puedes utilizar los poderes que te he dado- Tras decir esto, despareció en una nube de azufre y llamas.
Mi primera victima será Lucila, la secretaria de mi padre, que es una gorrona y siempre me roba las magdalenas de la merienda. Lo mas sencillo y con menos posibilidad de que me descubran es envenenándola con mata-ratas.
Fui a la cocina y tras asegurarme de que nadie me pudiese ver cogí el mata-ratas del armario del fregadero y lo eché sobre las magdalenas de ella. Antes de que Marita llegase se las llevé a Lucila para poder presenciar en primera persona su lenta pero agónica muerte.
- Gracias Lucius – dijo probando una magdalena.
- No hay de que- le respondí con un sutil matiz de maldad en la voz.
Al empezar a intoxicarse me gritó:
- Maldito crío, ayúdame, no te quedes parado.
Pero yo seguía inmune a sus gritos de agonía…
No me dí cuenta de un detalle… Marita lo estaba viendo todo desde la puerta.
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