miércoles, 26 de febrero de 2014

Lucius III

Lucius III
12 de julio de 1966

A media noche un graznido que provenía de la ventana me despertó. Fui hacia ella y vi un cuervo. Al ver que no se iba abrí la ventana y este entró y se posó en mi hombro. Decidí quedármelo, así por lo menos tendría compañía.
Dejé el cuervo en la habitación y vagué por la casa en busca de Marita para ver si le había dicho a alguien lo que hice el otro día. Cuando la vi demostró saberlo todo, se le notaba en la cara. Volví a mi habitación y allí planeé su asesinato. Cogí cloroformo, una llave inglesa y un candado y me puse manos a la obra.

Marita estaba  lavando los platos en la cocina principal cuando entrando sigilosamente la cogí por sorpresa y la dormí con el cloroformo. La arrastré hasta la cámara frigorífica y la encerré, echando el candado. Después subí la temperatura de esta con la llave inglesa. Poco a poco su cerebro se fue congelando y con este también sus conductos respiratorios y su frágil corazón. Al congelarse esto se producen dos muertes, la muerte por paro cardiaco y por derrame cerebral.
Cuando un detective contratado por mis padres llegó, empezó a buscar pruebas y sospechaba de mi. Entonces fui al garaje y cogí un destornillador de la caja de herramientas. Sin que nadie me viera  abrí el gas de los fogones. Como el detective siempre llevaba un puro encendido en la boca era un plan genial.
-          Niño no toques las pruebas- me gritó desde la puerta.
-          Vale, vale don detective sabelotodo, no hace falta gritar.
Al acercarse a los fogones, el cúmulo de gases hizo el resto. Este  le explotó en la cara dejándosela en carne viva.

Para rematarlo le clavé el destornillador en la yugular y murió desangrado. Para no quedar pruebas me llevé el destornillador a mi habitación y allí decidí que iba a  hacer con él.

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